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El gran pozo del vintage

Uno de mis cuñados se dedica a la compraventa de películas y series por internet, con la condición esencial de que sea en VHS o en Beta. No le va mal. El otro día me confesó el secreto de su éxito: comprar a gente que quiere vaciar su trastero y vender a gente interesada en estos artículos que han vuelto a la moda. “Si el vendedor te dice que tiene vintage, date por j…”, me dijo.

Qué gran verdad. Y es que la frontera entre los cacharros que no valen para nada, la ropa de la abuela, lo viejo, y lo que llamamos vintage o retro es una finísima línea, la misma que diferencia el estilo casual de ir vestido de cualquier manera, como lo cataloga mi abuela. La cuestión es: ¿hasta qué punto nos estamos pasando con el vintage?

vintage

Porque una cosa es recuperar, con la mínima alteración posible, modas o estilos pasados de moda (ahí radica precisamente la gracia); y otra muy distinta saquear sin reparos el baúl de la ropa que tu madre desechó hace décadas (y por algo sería). Me pregunto si no nos damos cuenta de que, sin criterio y convirtiéndolo en un recurso facilón, el vintage puede convertirse en nuestro principal enemigo.

Del vintage al rancismo hay un paso

Esto tiene dos efectos que me molestan mucho. Uno de ellos es natural: las tendencias exclusivas terminan popularizándose hasta la náusea, haciendo indistinguible a quien lo hace por iniciativa propia de quien lo hace por imperativos del mercado. El otro también, pero es más prosaico: ahora las tiendas de ropa de segunda mano están llenas de modernos y pijos que hace menos de cinco años hubieran jurado ni poner un pie dentro.

Además, al integrar sin medida ni control los elementos vintage en nuestras nuevas colecciones y armarios, el “vintagismo” de estas piezas desaparece automáticamente, pues vuelven a formar parte del mainstream, de las tendencias hegemónicas en la moda. Entonces, si abusamos del procedimiento, es posible que agotemos toda la cantera del vintage, es decir, el pasado, más rápido de lo que vayamos creando vintage para el futuro.

Así que, si no queremos que dentro de unos años no exista literalmente el vintage, agotado por la capacidad fagocitadora de nuestra cultura estética, debemos recomendar un poquito de contención. Es hasta cierto punto lógico, y hasta cierto punto las modas se lo comen todo sin que eso impida volver a comérselo quince años después, y ahí radica su belleza. Pero, ¿en serio no nos estamos pasando?